LA CONTAMINACIÓN DEL AIRE EN LAS GRANDES CIUDADES ES UN GRAVE PROBLEMA DE SALUD

Las grandes ciudades españolas sufren un alto nivel de contaminación del aire provocado principalmente por el tráfico de vehículos, y esto afecta seriamente a la salud de los ciudadanos que viven en ellas. En España la situación se ve agravada por la cada vez más frecuente falta de lluvias, como consecuencia del cambio climático, lo que provoca que no se alcancen los niveles adecuados para garantizar una buena calidad del aire.

Así se refleja en el último Informe de Evaluación de la Calidad del Aire en España que corresponde al año 2016 respecto a 2015 del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Entre los contaminantes atmosféricos que se miden se encuentran el dióxido de azufre (SO2), los óxidos de nitrógeno (NO2, NOx), el monóxido de carbono (CO), el ozono (O3), el material particulado (incluyendo metales, compuestos orgánicos e inorgánicos secundarios) y un elevado número de compuestos orgánicos volátiles (COV).

Este problema no es exclusivo de las ciudades españolas, las ciudades de todo el mundo están cubiertas por auténticas nubes de smog. Los niveles de partículas contaminantes sobrepasan en muchos casos el límite de seguridad para la salud humana marcado por la OMS.

La contaminación del aire mató aproximadamente a 7 millones de personas en 2012, lo que la convierte en el gran problema de salud medioambiental mundial según la OMS. La cifra conlleva que una de cada ocho muertes mundiales en 2012 se vinculó con el aire contaminado.

Si tenemos en cuenta que la población aumentará de los 7 mil millones actuales a los 9 mil en los próximos años, mejorar la calidad del aire en las ciudades es un reto que urge.

La OMS marca los límites seguros en los 20mcg/m3 (medición habitual de la expresión de contaminantes “clásicos” como SO2, óxidos de nitrógeno, partículas, etc.); pero en ciudades como París, el promedio anual es de 38 mcg/m3, y en casos extremos como en Pekín, han llegado a superar los 300 microgramos, obligando a la ciudad a imponer la alerta naranja.

Los gobiernos de las ciudades están tomando medidas urgentes, pero en muchos casos no son suficientes. Algunas de las medidas más comunes son limitar el tráfico por la ciudad, reducir la velocidad de circulación, ofrecer el transporte público y el alquiler de bicicletas gratuito, instalar medidores en las zonas de mayor concentración de contaminación que ofrezcan datos fiables y promover ayudas a la adquisición de vehículos eléctricos.

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